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martes, 15 de diciembre de 2009

La época del automovilismo familiar en Entre Ríos: La Fórmula Entrerriana y su historia.

El automovilismo entrerriano tuvo su época de mayor gloria y repercusión social en las décadas de 1950 a 1970 con el desarrollo de las competencias de Fórmula Entrerriana, que se inició como Fórmula Ford T y luego Fórmula 5.

Fue una época donde toda la familia estuvo involucrada en un espectáculo penetraba mucha más allá del ámbito puramente “tuerca”.

Merece un párrafo mencionar los orígenes de esa pasión.

En 1926 se habría corrido la primera competencia en Entre Ríos con autos Ford T en un trayecto rutero entre Paraná y Viale.

Pero es en 1935 cuando se inicia formalmente esta disciplina con la Vuelta de Entre Ríos que ganaron los paranaenses Bianchi y Gutiérrez.

A fines de la década las competencias se generalizan y aparecen los primeros ídolos como Martín Giraudo de Colón y Martín Vidal de San José.

Después del paréntesis obligado provocado por la Segunda Guerra, se reinician las competencias y ya se va delineando lo que luego sería la fórmula Ford T, con nuevas figuras como Américo Durandó, Luis César Castelli y Carlos Godoy, en otros.

En 1950 se organiza la actividad con la creación de la Asociación Entrerriana de Volantes Categoría Ford T.

En 1955 nace la Unión de Volantes Entrerrianos (UVE) que sería la protagonista casi excluyente del automovilismo en la provincia y que se consolidaría a partir de 1960 cuando se hicieron cargo de la conducción los hermanos Raúl y Alcides Scolamieri.

En este periodo se destacaron corredores como Vicente Linares, Ricardo Jaurena, Gerstner, Jorge Ravassi, Von Wernich, Alfredo Scattone.

La preparación de los coches era una verdadera odisea. Todo se hacía de manera artesanal en los talleres sostenidos económicamente por la “peñas”.

Los ya viejos Ford T se reformaban a “lima e ingenio” sacándole revoluciones a los motores “agujereando o rasurando las bielas, o realizando el cambio de cigüeñal por el de Ford B, fabricando pistones de aluminio recubiertos con una chapa remachada para pasar por legítimos de fundición”, como cuenta una crónica.

Los circuitos eran de tierra, situación que perduró hasta bien entrada la década de 1970, donde sólo se subía al asfalto cuando de corría en Paraná o Concordia.

De este período se cuentan los trazados de “Salvia” en San José, el “Mena” de Concepción del Uruguay, “Águilas Mecánicas” de La Clarita, entre otros donde se corrían más de veinte fechas por temporada.

“Cada reunión agrupaba un gran número de participantes (en 1974, en el Gran Premio Coronación, que se corrió en el circuito de Concepción del Uruguay, hubo 62 pilotos habilitados para tomar parte de la prueba, de los cuales clasificaron 54)”

La presencia del público era multitudinaria, y particularmente de las familias, y sin dudas era el espectáculo más concurrido con más de 10.000 personas en cualquier carrera, y donde se destacaban verdaderas “hinchadas” que seguían a un determinado corredor.

Hacia fines de la década de 1960 y principios de los 70 brillaban conductores como Próspero Bonelli y Reynaldo Vaccalluzzo de Concepción del Uruguay, Jorge Ravassi de Colón que insistía con su milagrosa Ford T preparada en su propio taller, capaz de pelear de igual a igual con los nuevos motores Renault, Dodge, Peugeot.

También estaban Héctor “Tino” Niemitz de Paraná, Oscar Riffel de Viale, Raúl Grinóvero, “Cacho” Scarazzini de Villa Elisa, José Luis Gallo de La Clarita.

Capítulo aparte merecen las trasmisiones radiales que ampliaron considerablemente el público involucrado.

Las trasmisiones la escuchaban religiosamente quienes no tenían la posibilidad de asistir al autódromo.

Los equipos más conocidos eran los que encabezaban Martín Bustamente, primero por CW35 de Paysandú y luego por LT 14 de Paraná, y Jorge Eduardo Scarinci por LT 15 de Concordia.

Por la radio de Concepción del Uruguay trasmitía el equipo Pista 11, primero encabezado por Horacio Palassoli y después por Enrique Pontelli.

Una radio de menor alcance pero de gran popularidad en las trasmisiones de automovilismo fue LT 26 de Colón con los relatos polémicos de Eduardo Pedro González, conocido como “La Mona”.

FUENTE: RUBÉN BOURLOT.
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